Por esta razón detesto HALLOWEEN

Autor: KinsgarMystery

Hola me llamo Raúl y hoy es Halloween, una fecha que amé desde que tenía uso de razón, aunque ahora la detesto. Verán cuando tenía 8 años conocí a mi mejor amigo llamado Tom, sus padres compraron la casa de al lado, él era hijo único al igual que yo y un día nos encontramos jugando afuera de nuestras casas, lo saludé preguntando algo que era obvio, ya saben, el típico: Hola eres el nuevo vecino verdad, él asintió con la cabeza y dijo que si muy alegremente. ¿Quieres jugar? le pregunté, sin pensarlo 2 veces Tom dijo que si y desde ese entonces fuimos amigos inseparables. Nos embarcábamos en todo tipo de aventuras y travesuras como cualquier niño de 8 años.

Para mi sorpresa, Tom, tenía la misma edad que yo, aún recuerdo como reímos como locos durante varios minutos cuando le pregunté la primera vez: Oye Tom ¿Cuántos años tienes? El respondió… mmm 8 y yo comencé a reír diciendo: también yo, lo demás solo fueron carcajadas de 2 pequeños niños felices.

Al pasar los meses nuestra amistad se hacía cada vez más grande, a tal grado que, para mí, era ya como un hermano, el hermano que nunca había tenido ya que mis padres decidieron tener un solo hijo, o sea yo. Incluso, Tom se cambió a la misma escuela que yo y sus padres se encargaron de que nos tocara en el mismo salón de clase, ya que al ver el lazo de amistad tan grande que nos unían, también nuestros padres se hicieron amigos.

Todos los días de camino a casa después de salir de la escuela pasábamos por una enorme casa, era algo anticuada y tétrica, y en la puerta siempre estaba sentado un señor de aspecto nada amigable, cada que lo volteábamos a ver parecía que nos odiara, aún sin conocernos. Como 2 niños de 8 años eso, más allá de asustarnos nos causaba risa, y ese señor al vernos reír parecía enfadarse aún más.

Pasar por la enorme casa después de salir de la escuela y reír al ver al señor malvado se volvió como una tradición para nosotros, aunque ahora sé, que para él nunca fue nada gracioso y también sé, que nos odiaba por eso mucho más de lo que creíamos.

El día de Halloween se acercaba cada vez más y yo le propuse a Tom ir a pedir dulce o truco este año con él, ya que al no tener amigos cercanos a mi casa él era el único con quien podía ir, ya que en años anteriores mis padres me acompañaban, pero eso era… ya saben algo vergonzoso, cuando uno va creciendo comienza a sentirse incomodo que tus padres te lleven a todos lados, y ya no soy un bebé. Ahora que tenía a mi mejor amigo Tom era la excusa perfecta para no ir con mis padres.

Pasaron los días y por fin llegó el tan esperado día de Halloween. Yo decidí disfrazarme vampiro, mientras que Tom se disfrazó de un caza fantasmas, ambos reímos al ver nuestros disfraces y nos comenzamos a criticar mutuamente de manera graciosa, obviamente éramos los mejores amigos y todo lo decíamos de manera sarcástica.

Esa noche comenzamos a pedir dulces en las casas más cercanas a nuestro vecindario con la típica frase de: dulce o truco, y por si acaso alguien no nos daba dulces le haríamos alguna travesura sin pensarlo 2 veces. Yo llevé algunos globos con agua, mientras que Top fue un poco más allá de lo que imaginé. Cuando le pregunté que era traía en esa pequeña caja, él me dijo que era una sorpresa y que pronto lo descubriría.

Continuamos con nuestra travesía acumulando cada vez más y más dulces de todos los sabores y colores que se puedan imaginar. Nuestros padres nos dieron permiso de ir a pedir dulce o truco hasta las 11 de la noche, pero cuando le dije a Tom que ya deberíamos irnos, él se negó, argumentando que aún nos faltaba algo por hacer. Cuando dijo esa frase despertó la curiosidad en mí, después de decir eso comenzó a caminar y yo por instinto comencé a seguirlo.

Oye Tom ya son casi las 11.30, nuestros padres solo nos dieron permiso hasta las 11 de la noche ya deberíamos irnos a casa, tenemos tantos dulces como para comer durante todo un mes, le dije sonriendo.

Tranquilo Raúl recuerda que esto es solo una vez al año nuestros padres entenderán cuando les contemos que perdimos la noción del tiempo. Tom siguió caminando y cada vez nos alejábamos más y más de nuestro vecindario, fue entonces que la ruta por donde caminábamos se me hizo familiar, era la ruta que siempre seguíamos de regreso a casa después de salir de la escuela.

A lo lejos, se comenzaba a ver aquella enorme y anticuada casa tétrica, fue entonces que le pregunté a Tom: ¿no estarás pensando ir a pedir dulce o truco a la casa del señor malvado verdad?

En su cara se dibujó una sonrisa y asintió con la cabeza. Tranquilo Raúl hoy es el día perfecto para hacerle una travesura al señor malvado que siempre nos mira como si nos quisiera quitar la vida.

Fue entonces cuando me mostró lo que traía en aquella pequeña caja misteriosa. Eran un montón de huevos de gallina, fue entonces cuando en mi mente me dije a mi mismo: creo que esto no está bien. Vas a hacer lo que creo que estás pensando, pregunté. Así es Raúl estos huevos los arrojaremos a la casa del señor malvado, o no me digas que tienes miedo. Obviamente Tom era más valiente que yo, pero no dejaría que Tom pensara que su mejor amigo era un miedoso.

Hagámoslo le dije y Tom, solo respondió: así se habla hermano. Estábamos a solo unos metros de la casa, cuando me pareció ver una persona en una de las ventanas. Tom deberíamos irnos, creo que vi al señor malvado en la ventana y después desapareció.

Tranquilo Raúl he esperado esto por mucho tiempo y no voy a desperdiciar esta oportunidad.

Entonces nos acercamos a la casa y cuando estábamos en la puerta, vi una cesta con algunos dulces, entonces le dije a Tom: Creo que no deberíamos hacer esto quizás este señor no es tan malvado como creemos, incluso dejó algunos dulces para los niños.

Después de decir esto Tom contestó susurrando: mira aparte de ser malvado es un tacaño, solo dejo unos pocos dulces. Sin pensarlo Tom los tomo y los puso en uno de sus bolsillos del pantalón ya que traía tantos dulces en su bolsa que no cabía ni uno más.

Después de hacer eso abrió la caja llena de huevos y me dijo: Que esperas esos huevos no se van a lanzar solos, y sin pensarlo 2 veces comenzamos a arrojarlos hacía la casa. Después corrimos y no nos detuvimos hasta llegar a casa mientras reíamos sin parar, pero, al llegar a casa, nuestra sonrisa desapareció al ver que nuestros padres estaban esperándonos muy enojados, y a la vez preocupados por nosotros.

Con cara de tristeza nos despedimos y cada uno se fue a su casa, desde esa noche Tom dejó de ser mi mejor amigo, y no porque yo quisiera sino porque al día siguiente me enteré que mi mejor amigo Tom había perdido la vida.

La sirena de una ambulancia llamó mi atención muy temprano por la mañana, ya que se escuchaba casi afuera de mi casa. Lo que vi esa mañana aún me persigue hasta el día de hoy, los padres de Tom lloraban desconsolados mientras subían a Tom a la ambulancia, horas más tarde me enteré que mi mejor amigo Tom había comido dulces envenenados.

Después de lo sucedido la policía comenzó una investigación, pero no se puedo culpar a nadie ya que habíamos pedido dulce o truco en infinidad de casas, pero muy dentro de mi sé quién fue el culpable de que Tom haya perdido la vida.

Desde ese día detesto el día de Halloween, ya que Tom viene cada año para ir a pedir dulce o truco, aunque ya no esté con vida. Mis padres nunca me creyeron cuando les conté lo de Tom e incluso me llevaron con un psiquiatra.

Ahora tengo 20 años y me imagino que Tom no puede descansar en paz hasta que se haga justicia. Hoy como todas las noches de Halloween Tom vendrá para ir a pedir dulce o truco.

Está vez iré con él y creó que vamos a visitar a alguien en especial. Esta noche Tom por fin podrá descansar en paz porque hoy será el último día de vida de ese señor malvado.

 

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