A mi gato le gusta arañar en la puerta del dormitorio

Autor: GrinningBoogeyman

Traducción: Kinsgar

Amo a mi gatita inmensamente. De verdad lo hago. Ella es un amor que nunca rompe los muebles y siempre va al baño en su caja. Cada vez que vienen amigos, ella corre hacia ellos y maúlla dulcemente hasta que acarician su cabeza, luego se acurruca en mi regazo y se va a dormir (y sí, soy consciente de que cuando lo hace, me veo como un villano de James Bond).

Realmente no tengo ningún problema con mi gata a excepción de uno. No dejará de arañar la puerta de la habitación mientras estoy tratando de dormir. Por alguna razón, a ella no le gusta cuando esa puerta, o cualquier otra puerta de la casa, está cerrada. No puedo comenzar a decirte cuántas veces estuve a punto de quedarme dormido cuando de repente escucho el distintivo rasguño-rasguño-rasguño- de sus pequeñas patas en la madera.

Intento ignorarlo todas las noches, pero sigue y sigue y sigue. ¿Conoces ese momento en las caricaturas cuando un personaje intenta dormir, pero no pueden porque un grifo agujereado sigue goteando y goteando durante la noche? Es así, excepto que justo en mi puerta. Finalmente, cuando ya no puedo soportarlo, me levanto de la cama (una hazaña que nadie debería hacer a las 2 de la mañana) y me acerco a la puerta para dejarla pasar.

Inmediatamente corretea y se desliza por debajo de la cama, asomándose a mí como si quisiera jugar a las escondidas. Todo lo que puedo hacer es colgar mis hombros y preguntar: “¿Por qué estás tan desesperada por que se abra esta puerta?” No espero que el gato responda. Parece un problema simple, ¿verdad? Entonces, ¿por qué estoy escribiendo sobre esto aquí? Bueno, aquí está la cosa.

Anoche, estaba acurrucado en la cama debajo de las sábanas recién lavadas, todavía calientes por la secadora, y podía sentir que comenzaba a quedarme dormido en uno de esos sueños que sabes que durarán hasta al menos medio día del día siguiente… Entonces, casi como un reloj, oí el arañazo en la puerta. Yo audiblemente grite en la oscuridad de mi habitación. No iba a parar hasta que la dejara entrar, y esta noche sonaba aún más desesperada que de costumbre, casi frenética.

Los rasguños rítmicos casi sonaron como golpes, y sus pequeñas garras parecían estar tratando de abrirse camino a través de la puerta. Puse los ojos en blanco y murmuré algo sobre que era una reina del drama, y ​​justo estaba a punto de levantarme para abrir la puerta cuando me detuve. “No”, dije en voz alta, “¡No! ¡No esta noche! Lo siento cariño, pero estoy intentando dormir, ¡y tú también deberías!”

Los arañazos continuaron, tan fuertes y desesperados como antes, y yo estaba a punto de volver a gritar a la puerta, cuando en ese momento… mi gata salió de debajo de la cama. Se había quedado dormida ahí abajo y había asomado la cabeza para ver qué era el ruido.

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